Solía sentirme siempre triste hasta que un día conocí a un tipo en un bar. No recuerdo ni su nombre ni su rostro, sólo recuerdo que me pareció atractivo y que supuse que tenía unos 10 años más que yo. Era psiquiatra, me habló de muchas cosas de la mente humana de las que yo no tenía idea, el porque uno se sentía deprimido o feliz, cómo funcionan las enfermedades mentales, que toda emoción no era otra cosa que segregaciones cerebrales; desde el amor hasta la apatía tenían sus razones de ser. Comenzamos a salir. Después de algún tiempo me hablo del proyecto que tenía en desarro: una manera para que las personas pudieran ser siempre felices. Así, sin mucho más problema. Abren tu cráneo, te cortan un pedazo aquí, un cable allá y listo. Eres feliz. Eres incapaz de sentir miedo, tristeza, nostalgia; cualquier sentimiento incómodo. Me contó que hasta ese momento habían tenido muy buen resultado en experimentación con chimpancés, pero eso no me dejó muy convencida, creo que nunca he visto un chimpancé triste.
Siguieron pasando las semanas y seguíamos viendonos con regularidad. Unos tres meses después de la primera vez que lo mencionó me contó que estaba listo para comenzar a hacer, sin miedo al fracaso, la primera experimentación en un humano, pero no conseguía que no sé qué personas importantes dieran su consentimiento por no encontrar a alguien que aceptara ser la primera persona en someterse a ello, se sentía frustrado. Me ofrecí a ser su sujeto de prueba, me preguntó si estaba segura y le dije que sí, realmente lo estaba, confiaba en él.
Quedó pactado, se me realizaría el procedimiento en 9 días a partir de esa fecha. Comenzaron los preparativos: me pidieron firmar una cantidad ridícula de papeles que vagamente leí y realizar cuanto estudio físico y psicológico se les dio en gana. Al parecer era idónea, o eso decían ellos.
No recuerdo nada después de los exámenes, nada, como si también esa parte de la hubieran llevado. Lo siguiente que recuerdo es despertar en un motel cercano a mi casa. Podría haber estado preocupada por ello, pero no; el procedimiento resultó. Desperté y sin razón alguna era feliz. Hace ya más de tres años que soy absoluta y llanamente feliz.
Para mi sorpresa mis allegados no tomaron bien mi cambio. Ya no necesitaba interacción humana, un pasatiempo, una meta ni ninguna otra cosa para ser feliz. Soy feliz sólo porque si, como me lo prometió él. Dejé de hacer todo, salir, trabajar, incluso hablar. Las conversaciones me son innecesarias al igual que las personas. Uno hace todas esas cosas para intentar sentirse bien, pero yo no lo necesitaba, yo ya me sentía bien ¿Para qué desgastarme?
Pronto me quedé sin casa, dinero, ni familia o amigos, parece ser que las personas necesitan que las necesites de regreso, y yo carecía de esa cualidad. Poco a poco todos comenzaron a alejarse. No me quejo, eso está muy bien, parecían incómodos a mi lado.
Ahora vivo en las calles, sola, libre de las personas y de sus necesidades. Supongo lo más cercano a una preocupación que puedo sintetizar es la de morir de hambre o frío. Quiero estar viva y seguir disfrutando de éste bienestar, nunca había deseado tanto algo como ahora deseo no morir.
¿El tipo del bar? nunca lo volví a ver, pero no es como que me importe.