jueves, 10 de diciembre de 2015

Epifanías, de las malas.

Y pues, les cuento: hace nada, unos segundos, tal vez un minuto, estaba leyendo, conversando, me reía... Y de repente entendí lo que estaba leyendo, de lo que me estaba riendo, caí en cuenta de lo que significaba para mí y sentí como un hormigueo culero me recorría desde la cabeza a los pies, de malestar, de tristeza. Antes de ser enteramente consciente de lo que estaba pasando mis ojos ya se ahogaban en lagrimas y mi pulso ya era el de una liebre, me puse de pie, di unos pasos en dirección a la cocina, luego a la salida, terminé de procesar la información, entendí lo mucho que valió verga una buena parte del todo, paté la puerta, regresé a dónde estaba sentada, tomé mi celular y comencé a escribir esto. No tengo nada más qué decir. Y tu día ¿Qué tal va?