miércoles, 6 de enero de 2021

Desaparecer.

 Merodear la idea de desaparecer, sin más.

Digo ¿qué más da? Nos podemos acostumbrar siempre a las ausencias, al abandono. Nada termina teniendo relevancia.

Solo existen 17 pasos entre mi y un adiós, doy uno, doy dos. Regreso uno. ¿Por qué no me voy? Notificación. Alguien comentó tu estado. Ok, ok, me divierte; contestación; esperar respuesta. Ahora estoy a veintidós.

Buenos días ¿hoy es el día? Desayuna primero, algo gordo, algo obseso, date un gusto ¿qué más da? Ya te vas. Me encanta cocinar, qué rico está. Reposa la comida un rato, al rato te vas. Prende la tele ¿una nueva serie? 22 capítulos. Dale, un par de días más.

Ya no llores, levántate, frente en alto, no te lamas las heridas... Hoy es el día.

Preparadas las cartas, preparada la huida. ¿Qué me depara el destino? Una puerta o un río. ¿Cuál será mi merecido? No sé si soy cobarde o soy valiente. No sé si podré volver a verles.

Viaja ligero, déjalo todo ¿hará frío? ¿Usaré abrigo? Date un momento, respira hondo. No pienses en tu madre ni en tus cuadernos. Ya nada guarda este lugar más que tormento.

Mucho gusto, nos vemos pronto, espero volver el siguiente otoño.

Nuevamente.

 Esta vida ha dejado de pertenecerme, mis piernas no responden, no se mueven ¿por qué no corres?


No quiero merodear la parte rota de otro cráneo violentado, pero mi cuerpo no responde, se vuelve blando.


Caí a cada cuesta, perdí cada batalla.

No retrocedo, solo avanzo.


Me atrevo, aún en mi estado actual de letargo, a eludir al buen juicio y apostar mi propio pellejo en nombre del deseo.


Voy dando sacadas amplias en el camino que lleva a la nueva derrota ¿Dónde estará el buen juicio? ¿Por qué me abandona?


Pido la abdicación inmediata de mi insensatez, no le otorgó derecho a réplica.

martes, 23 de junio de 2020

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Cuánto he querido quererte. Entre cada línea y cada esquina, entre los abrazos, las canciones y las compañías, a Cada letra, cada historia, cada término y cada estrofa, entre los umbrales y las copas. Cuánto he querido quererte.

Las horas pasan y veo tu risa, tus formas, tus lagunas, noto tu semblanete árido y tu mirada intermitente, tus manos amplias y tus canciones rotas, tus malas formas y tus tristes colores. Cuánto he querido quererte.

En el pasado humo, sudor y esquirlas, repelente con la naturaleza insidiosa de mis pestañas, mañanas atornasoladas, mil despedidas definitivas, mi corazón entre tus garras. Cuánto he querido quererte.

Disputas, rebotes, recaídas, mañanas infames al calor de tus sábanas, infinita dolencia de tus cuencas moteadas, reestructuración metódica de tus historias acompasadas.

Cuánto he querido quererte.

jueves, 24 de enero de 2019

Locura y muerte.

Me declaro infame, culpable soy.
Yace en la parte burda de mi entrecejo.
Merodea etéreo en los malos sueños.
Tormeto eterno en el subsuelo.

tardíos descuidos de corruptos anhelos
Verda amplia y acria, desollarse entero 
Humo deshonrando la sal en las pupilas

¿Sientes como tu corazón ya no palpita?

lunes, 23 de abril de 2018

Día ocho.

Con tus palmas puedes tocar mi torso claro y después puedes clavarle las yemas a mis muslos, con tus dientes puedes arrancarle la yugular a mi tristeza, con tu boca puedes enmudecer mis andanzas.

Entre cuestiones éticas y morales, entre deseos, sueños y postulaciones a largo plazo, y sentados en probabilidades, en pautas Atrayentes; lo tenemos todo, y jugamos a la nada.

Ignoro si vas a salvarme o terminarás de destruirme, ignoro el desenlace de las cuestiones tácticas, ignoro todo con excepción de lo que me dices entre letras y mirada.

Sólo sé que mi sol es tu sonrisa amplia.

viernes, 12 de enero de 2018

Un tipo del bar.

Solía sentirme siempre triste hasta que un día conocí a un tipo en un bar. No recuerdo ni su nombre ni su rostro, sólo recuerdo que me pareció atractivo y que supuse que tenía unos 10 años más que yo. Era psiquiatra, me habló de muchas cosas de la mente humana de las que yo no tenía idea, el porque uno se sentía deprimido o feliz, cómo funcionan las enfermedades mentales, que toda emoción no era otra cosa que segregaciones cerebrales; desde el amor hasta la apatía tenían sus razones de ser. Comenzamos a salir. Después de algún tiempo me hablo del proyecto que tenía en desarro: una manera para que las personas pudieran ser siempre felices. Así, sin mucho más problema. Abren tu cráneo, te cortan un pedazo aquí, un cable allá y listo. Eres feliz. Eres incapaz de sentir miedo, tristeza, nostalgia; cualquier sentimiento incómodo. Me contó que hasta ese momento habían tenido muy buen resultado en experimentación con chimpancés, pero eso no me dejó muy convencida, creo que nunca he visto un chimpancé triste.
Siguieron pasando las semanas y seguíamos viendonos con regularidad. Unos tres meses después de la primera vez que  lo mencionó me contó que estaba listo para comenzar a hacer, sin miedo al fracaso, la primera experimentación en un humano, pero no conseguía que no sé qué personas importantes dieran su consentimiento por no encontrar a alguien que aceptara ser la primera persona en someterse a ello, se sentía frustrado. Me ofrecí a ser su sujeto de prueba, me preguntó si estaba segura y le dije que sí, realmente lo estaba, confiaba en él.
Quedó pactado, se me realizaría el procedimiento en 9 días a partir de esa fecha. Comenzaron los preparativos: me pidieron firmar una cantidad ridícula de papeles que vagamente leí y realizar cuanto estudio físico y psicológico se les dio en gana. Al parecer era idónea, o eso decían ellos.
No recuerdo nada después de los exámenes, nada, como si también esa parte de la hubieran llevado. Lo siguiente que recuerdo es despertar en un motel cercano a mi casa. Podría haber estado preocupada por ello, pero no; el procedimiento resultó. Desperté y sin razón alguna era feliz. Hace ya más de tres años que soy absoluta y llanamente feliz.
Para mi sorpresa mis allegados no tomaron bien mi cambio. Ya no necesitaba interacción humana, un pasatiempo, una meta ni ninguna otra cosa para ser feliz. Soy feliz sólo porque si, como me lo prometió él. Dejé de hacer todo, salir, trabajar, incluso hablar. Las conversaciones me son innecesarias al igual que las personas. Uno hace todas esas cosas para intentar sentirse bien, pero yo no lo necesitaba, yo ya me sentía bien  ¿Para qué desgastarme?
Pronto me quedé sin casa, dinero, ni familia o amigos, parece ser que las personas necesitan que las necesites de regreso, y yo carecía de esa cualidad. Poco a poco todos comenzaron a alejarse. No me quejo, eso está muy bien, parecían incómodos a mi lado.
Ahora vivo en las calles, sola, libre de las personas y de sus necesidades. Supongo lo más cercano a una preocupación que puedo sintetizar es la de morir de hambre o frío. Quiero estar viva y seguir disfrutando de éste bienestar, nunca había deseado tanto algo como ahora deseo no morir.
¿El tipo del bar? nunca lo volví a ver, pero no es como que me importe.